¿Que cualidades tienen en común estos empresarios?



CARLOS Y GONZALO EGAÑA

Hay negocios que parecen inusuales y luego resultan sumamente jugosos. Si no, pregúntenle a Carlos Egaña. Su familia apostó por una iniciativa que muchos vieron con sorpresa: decidieron fabricar exprimidores de jugo manuales, mientras en el ramo se imponían los eléctricos. Un negocio -sin duda- muy digno, pero al que nadie le hubiera pronosticado mayor trascendencia.

Quizá fue obra del tesón, la suerte o el buen tino, lo cierto es que la familia Egaña ahora puede preciarse de exportar su producto a 17 países y de haber recibido un premio que, por primera vez, queda en manos de una empresa sudamericana. En la última edición de The Industrial Design Excellence Awards -galardón concedido por la Sociedad de Diseñadores Industriales de Estados Unidos-, los hermanos Carlos y Gonzalo Egaña subieron al podio de un teatro en Nueva Orleans y se llevaron la estatuilla de oro que mereció su exprimidor como uno de los 11 mejores diseños de productos masivos. "Fue como la entrega de un Oscar, pero de diseño industrial", se precia Carlos Egaña. Al final de la velada, los hermanos notaron que la calle vecina se llamaba Simón Bolívar y que -por esas casualidades que alborotan al gentilicio- cerca aguardaba una estatua del Libertador. Allí congelaron su sonrisa para una foto con la estatuilla en las manos y mucho orgullo patrio.
AND THE WINNER IS... "No es digital. No se conecta a Internet. No es lo suficientemente ligero para llevarlo en los bolsillos. Pero el exprimidor Orangex Ojex es una pieza de belleza, un proveedor de dulzura, y encierra la maravillosa historia del poder del diseño en una economía global", diría la revista Business Week, espónsor de esta competencia.

Simultáneamente, la publicación dedicada a estos premios de "excelencia industrial" le cedió al exprimidor criollo el orgullo de la portada. Al parecer, la competencia fue ardua. Entre los 11 merecedores de la estatuilla dorada se contó iSub de Apple; un nuevo visor de View Master; un computador personal -NEC Z1- de Packard Bell NEC y este exprimidor que apuesta porque cada cual exprima su propio jugo de naranja. "A ellos les llamó la atención la historia del producto y el hecho de que fuera fabricado por una empresa venezolana", cuenta Egaña y muestra su orgullo: un exprimidor azul, con el peso del hierro fundido y una copa de acero inoxidable, que se enfrenta a los eléctricos gracias a dos promesas básicas: "Dura toda la vida y además ofrece un jugo de mejor sabor, porque no exprime la cáscara". Una filosofía sencilla y sin semillas.
EL NECTAR DE LA HISTORIA. Carlos Egaña es ingeniero mecánico y, si su apellido suena familiar, se debe a su hermano Fernando, el mismo que fuera ministro de la Secretaria. Pero la familia se ha ocupado de otros menesteres ajenos a la política. Su padre, Fernando Egaña, contaba con una empresa de fundición de productos de plomería en Maracay, hasta que un día decidió apostar por quienes quisieran jugo de naranja fresco y sin intermediarios eléctricos. "En un viaje a Egipto notó que había vendedores ambulantes de jugo que tenían exprimidores manuales. Y él se dijo: 'Yo puedo hacer algo mejor", comenta Egaña. Muchos lo previnieron ¿Quién iba a comprar un aparato manual cuando ya todos vienen con enchufe incluido? La familia insistió en su apuesta y se dedicó a su meta desde 1989. Y si ahora en cualquier calle caraqueña existen réplicas del fenómeno visto en Egipto, no es mera coincidencia. "Todos esos vendedores ambulantes tienen exprimidores nuestros. Algunos incluso nos han contado que se han comprado su casita gracias a ellos", cuenta Egaña.

La primera generación de exprimidores se mantuvo durante seis años, se restringió a un solo color y un único tamaño. La segunda, de menor tamaño, también era diseño de la casa. Pero luego de cautivar al mercado estadounidense, los Egaña decidieron compactar su idea, sin que perdiera sutilezas. "Mucha gente nos decía que eran muy grandes y no cabían en sus cocinas". La familia apostó por un diseño más moderno y de dimensiones más recatadas. "Llamamos a una firma llamada Smart Design en Nueva York y junto con ellos concebimos la idea". Ese es precisamente el exprimidor que resultó premiado.

Lo que conmovió al jurado fue que los diseñadores Marco Perry y Anthony Di Vitonto viajaran desde Nueva York hasta Maracay, hablaran con los empleados, debatieran con los dueños y luego dieran con el resultado. "El diseño fue algo conjunto. Nuestros empleados incluso nos sugerían ideas. Eso les encantó a los evaluadores", asegura Egaña. "Gran historia" -diría Leslie Speer, una de los jurados-. "Este es un perfecto ejemplo del exitoso matrimonio entre el diseño, los negocios y la manufactura. Los diseñadores industriales viven hablando de negocios globales, colaboración global y diseño global. Esta es una base desde la cual podríamos empezar. Una cálida historia que merece más atención". Y lo de cálida no es porque fuera hecho en Maracay. Ahora, la familia Egaña se esmera en fabricar los primeros exprimidores del nuevo y galardonado diseño. "Sólo en Estados Unidos ya nos pidieron 4.000 mensuales. Por ahora sólo producimos 400 y se venderán a 99 dólares". Según esas cuentas, la novedad estaría en los anaqueles locales dentro de seis meses.

EXPRIMIDORES DE EXPORTACION. Si resulta sorprendente el protagonismo de este exprimidor manual y criollo, más alentador es saber que una idea simple y pura como el jugo ha logrado colarse en una buena parte del planeta. "Nosotros exportamos a 17 países, incluidos Alemania, Canadá, Inglaterra, Suecia, Israel e incluso Kuwait. En Estados Unidos vendemos cerca de 40% de los exprimidores manuales", comenta Egaña. Su modo de presentación en el mercado local fue -inicialmente- en vivo y directo. "Hacíamos demostraciones en la calle". Y sus exprimidores tamaño grande comenzaron a ocupar espacios en casas, fuentes de soda, tarantines al borde de las aceras, catálogos de populares "San" o las estanterías de tiendas como Beco, Stanza, Marquet House (Boleíta Center) o Ambito (junto al Sambil). Pero el mercado local les resultó pequeño para sus planes y decidieron exportar su idea. La labor estilo hormiga adquirió una versión internacional. "Comenzamos las visitas a tiendas especializadas de cocina y comercios como Wallmart en Estados Unidos. También en ferias internacionales. La gente se sorprendía de que una empresa venezolana tomara ese mercado". La seducción fue cónsona con las nuevas tendencias. "En los países desarrollados la gente ha adquirido conciencia sobre los beneficios de consumir productos naturales". A esa ola sin aditivos químicos le supieron exprimir resultados. Ahora estos exprimidores Orangex "Made in Venezuela" se encuentran en tiendas como Bed, Bath and Beyond; Bloomingdale's o Kitchen Express. "Nos hemos posicionado como producto de categoría y duradero", se precia Egaña, quien no se extraña si al entrar en una venta de jugos en Nueva York consigue su producto. Sin duda, ellos han sabido sacarle el jugo.

Fuente:
La Inesperada Historia de un Exprimidor. Todo en Domingo. El Nacional. Pagina Web:
http://www.el-nacional.com/revistas/todoendomingo/todo55/reportaje2.htm


Bibliografía

   
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